Parto

Es la culminación del embarazo , el periodo de salida del bebé del útero materno. Se considera que una mujer inicia el parto con la aparición de contracciones uterinas regulares, que aumentan en intensidad y frecuencia, acompañadas de cambios fisiológicos en el cuello uterino. El proceso del parto humano natural se categoriza en tres fases, el borramiento y dilatación del cuello uterino, el descenso y nacimiento del bebé y el alumbramiento de la placenta.

Hay ciertas prioridades en el proceso del nacimiento que deben ser mantenidas:

La primera, es una madre viva y sana. La segunda, un niño vivo y sano y la tercera una experiencia provechosa psicológicamente para los padres y el recién nacido.

 
 
 
La necesidad de preservar la asepsia, de utilizar métodos de control, las medicaciones e intervenciones habituales han hecho del parto en el medio hospitalario un acto quirúrgico muy tecnificado y deshumanizado. Es obvio que el aumento de la tecnología ha contribuido a mejorar los resultados perinatales, pero se ha mantenido la tendencia a atender de la misma forma todos los partos, lo que ha supuesto más intervencionismo y medicalización y que los deseos de las mujeres con frecuencia se subordinen a necesidades organizativas creando insatisfacción.

Recientemente, muchos profesionales y mujeres se están cuestionando este alto nivel de intervencionismo en el parto normal. La deambulación durante la dilatación, la presencia del marido, los pujos naturales y la posición semisentada durante el expulsivo son aspectos beneficiosos del “parto natural” que la obstetricia moderna ha de incorporar.

El inicio del parto

Este proceso del parto ya viene preparándose desde la segunda mitad del embarazo, primero con la formación del segmento uterino inferior (la parte del útero entre el cuerpo y el cuello) y después con la acomodación de la presentación fetal.

Como proceso biológico que es, el inicio del parto es difícil de establecer, aunque se considera que una gestante se halla de parto cuando el cuello se aprecia al tacto vaginal centrado, borrado un 50% y con 2 cm de dilatación, existiendo al menos dos contracciones de mediana intensidad cada 10 minutos.

El parto es un proceso continuo que se ha dividido para su mejor comprensión en periodos cuyos límites son fácilmente objetivables:

Dilatación: se extiende desde el comienzo del parto hasta la apertura completa del cuello.

Expulsivo: desde la dilatación completa hasta la salida del feto al exterior.

Alumbramiento: desde el nacimiento del recién nacido hasta la salida de la placenta y de las membranas ovulares.

El trabajo de parto

Previamente al comienzo del mismo existen unos “pródromos del trabajo de parto o preparto”, fase indeterminada en su duración y con una clínica muy variable y hay que añadir un cuarto periodo o “postparto inmediato” (dos primeras horas tras el parto), en el que la parturienta estabiliza sus constantes y que requiere una vigilancia especial con el fin de detectar precozmente alguna complicación que puede ser grave, como la hemorragia del alumbramiento.

El trabajo de parto es un proceso clínico caracterizado por contracciones uterinas regulares y dolorosas que producen modificaciones progresivas en el borramiento y dilatación cervical. Las manchas sanguíneas o “tapón mucoso”, que es expulsado vaginalmente, puede preceder al comienzo del trabajo de parto, incluso varios días antes y la rotura de las membranas fetales, acompañada de la salida de una cantidad variable, de líquido amniótico al exterior (“rotura de las aguas”) habitualmente, se produce durante el curso del parto, aunque ocasionalmente puede ocurrir antes del comienzo de éste.

Durante el periodo de dilatación el criterio más objetivo para valorar el progreso del parto es la dilatación cervical, mientras que durante el periodo expulsivo es el descenso de la presentación (la parte del feto que está en relación con la pelvis materna).

La dirección médica del parto pretende conseguir que sea lo más corto posible, lo menos doloroso y la mejor vivencia para la madre y el feto/recién nacido, todo ello en un ambiente favorable y adecuado.

El estado del feto durante el parto

La valoración del estado fetal durante el parto, ha constituido un objetivo primordial de la obstetricia y, en este sentido, la frecuencia cardiaca fetal ha sido uno de los parámetros mejor y más estudiados. Se puede alcanzar una información objetiva de la misma a través de diversos métodos (auscultación, fonocardiografía, efecto Doppler y electrocardiografía) cuya característica común, es la obtención de una señal diferenciable que pueda ser contabilizada.

Cuando la frecuencia cardiaca es normal, el feto habitualmente está bien, aunque cuando aparecen alteraciones de la misma, no se puede asegurar que el feto esté mal, por lo que se debe recurrir a otros métodos más fidedignos de diagnóstico del bienestar fetal, tales como la obtención de una muestra de sangre del cuero cabelludo de la cabeza fetal, y evaluación del pH.

La dinámica uterina se mide a través de un cardiotocógrafo, habitualmente mediante un tocómetro externo y, de una manera más precisa, con un manómetro interno tras la ruptura de las membranas. El control del dolor con un adecuado uso de distintos analgésicos y técnicas anestésicas (habitualmente analgesia epidural en la fase activa de parto) debe ser una prioridad en pacientes con trabajo de parto, siendo el médico anestesista el especialista del que depende tal cometido.